martes, 10 de marzo de 2015

Los jesuitas y la educación (I)

1 La disrupción de los colegios jesuitas

Estos días han aparecido  noticias como ésta en la prensa:  




donde se afirma

Los colegios de jesuitas de Cataluña, en los que estudian más de 13.000 alumnos, han comenzado a implantar un nuevo modelo de enseñanza que ha eliminado asignaturas, exámenes y horarios y ha transformado las aulas en espacios de trabajo donde los niños adquieren los conocimientos haciendo proyectos conjuntos (…)  Los jesuitas (…) han diseñado un nuevo modelo pedagógico en el que han desaparecido las clases magistrales, los pupitres, los deberes y las aulas tradicionales, en un proyecto que ha comenzado en quinto de primaria y primero de ESO en tres de sus escuelas y que se irá ampliando al resto. 
“Educar no es solo transmitir conocimientos El proyecto impulsa "las inteligencias múltiples y sacar todo el potencial" de los alumnos y que hagan las actividades de aprendizaje según sus capacidades. "Hemos transformado la educación para que el alumno sea el protagonista, para que haya verdadero trabajo en equipo y los estudiantes descubran cuál es su proyecto vital, qué quieren hacer en la vida y enseñarles a reflexionar, porque van a vivir en una época que les va a desconcertar", ha argumentado Aragay.
Las asignaturas han sido sustituidas por proyectos. (...) "Aprenden mucho mejor si ven que lo que aprenden tiene una aplicación práctica".

Podemos ver también la noticia y la crónica en la Vanguardia, ABC y en El Diario.

En este fragmento se ven claramente influencias del flipped classroom, PBL, del nuevo paradigma postindustrial de la educación basada en logros y no en estándares, además de otras teorías y visiones ya clásicos del aprendizaje: Aprendizaje colaborativo, las ideas implícitas, conceptos previos, andamiaje cognitivo, teoría de la elaboración, etc. Todas ellas consideradas incluidas entre las corrientes cognitivistas y constructivistas. También se perciben las ideas de Christensen sobre modelos disruptivos. Pero en cualquier caso sin profundizar mucho, ni en los enunciados de las ideas, lo cual es propio de una reseña periodística, pero tampoco, lo cual ya es más significativo, en los documentos que constituyen la armazón del proyecto Horizonte 2020

Aparentemente pues estamos en presencia de un modelo disruptivo. Toman elementos que parecen sacados de la las tendencias en auge. Sin embargo, como veremos en lo que sigue, no toman de forma argumentada y en detalle elementos de estas teorías y visiones. No tienen en cuenta en su fundamentación las teorías de la enseñanza, ni los modelos que se basan en la teorías del aprendizaje, modelos cognitivistas y constructivistas, ni tan siquiera mencionan modelos más próximos, o asumidos por otras tendencias católicas, como son las teorías de Dewey o el Método Montessori.

Los propios contenidos de los documentos carecen de referencias de ese tipo, o a esas teorías.

Por otra parte los jesuitas no parten de cero. Hay una fuerte pedagogía jesuítica, que constituye un recio pilar de la Historia de la Educación, sobre todo de la Educación Superior, que ha servido de modelo para organizar la universidad y la investigación, bien de forma directa, en las instituciones jesuíticas, en Europa e Iberoamérica, o bien como ejemplo para la universidad pública y laica en los últimos 400 años. Veremos además que los enunciados hechos públicos aunque dicen inspirarse en la tradición jesuítica  la contradicen en bastantes aspectos.

Las referencias que hemos utilizado son las que están en la web del proyecto y en la que dan como referencia del nuevo modelo a partir de la web y documento  HORIZONTE 2020, un nuevo modelo pedagógico.

En general se ofrece poco más que vaya más allá de las declaraciones de los gestores, que aparecen en las reseñas periodísticas, y remiten al corpus doctrinal de la pedagogía jesuítica. Eso dicho a partir de los documentos que hemos tenido en cuenta para elaborar este post y que se pueden consultar en la página de documentos.

En ellos, aunque aparecen continuamente  enfoques aparentemente coincidentes con  las nuevas tendencias y al nuevo paradigma de la educación postindustrial, no hay ninguna referencia a las teorías que los avalan ni a las teorías clásicas de la educación y del aprendizaje.

Se aloja todo bajo el denominador de la educación ignaciana, pero es difícil encontrar un precedente en esta literatura a los planteamientos y referencias de corrientes y teorías sobre la enseñanza y sobre el aprendizaje al uso (Bloom, Gagné, Dewey, Bandura, Ausubel, etc). Ni tampoco lo avalan con evidencias experimentales. Por lo demás la literatura empleada y los textos elaborados no siguen un método  académico al uso, con citas, referencias, formulación  de hipótesis, pruebas mediante investigaciones, a las que puedan referir, o a teorías comúnmente conocidas en la comunidad académica de estos temas: teorías de la instrucción o del aprendizaje, diseño instruccional, o simplemente a sistemas epistemológicos en los que se puedan integrar o a los que se puedan referir las ideas.

Nos referimos tanto a los contenidos, en los que tradicionalmente se basa la pedagogía jesuítico que se pueden ver en los documentos sobre la educación de la Compañía de Jesúscomo a los contenidos más teóricos, pero igualmente generales y con las mismas deficiencias señaladas del proyecto Horizonte 2020, que se pueden encontrar en el enlace de documentos del proyecto

2. La pedagogía jesuítica.

Existe una corriente pedagógica, un modelo y un paradigma. 

Ignacio de Loyola impelido por un afán de impulsar la fe católica tras la Reforma, organiza un método para estimularla, defenderla y difundirla que tiene como uno de sus ejes la educación, la educación superior sobre todo.

Donald Clark, si prescindimos en ella de la parte que no es exclusivamente educativa, hace una escueta pero significativa síntesis  de lo que supuso.

La Compañía de Jesús es una orden misionera impulsada por un espíritu de combate, en el ámbito de las ideas, muy parecido al militar y con similar estrategia. Su objetivo: difundir la fe católica. En este contexto la Educación se plantea como  su principal arma y la de mayor éxito.

Actualmente la Compañía de los Jesuitas sigue activa en todo el mundo y en plena vigencia con cerca de 40.000 activos en la orden y con actividades educativas en 112 países. Algunas de sus instituciones como puedan ser las escuelas de negocios, entre ellas, la Universidad y la escuela de Deusto, son las primeras en su sector. Y los colegios jesuitas españoles siempre ocupan los primeros puestos en los rankings de calidad educativa.

Todos los principios, su justificación y filosofía aparecen en un manual eminentemente práctico con las normas para organizar la educación. Es por así decirlo la primera aproximación moderna a lo que después se conocería como diseño instruccional, pero con un grave déficit, que todavía persiste, como veremos, en la pedagogía jesuítica: La ausencia de interacción entre las teorías, como abstracción de los resultados de investigaciones sistematizados, y la práctica. Se trata del manual educativo jesuita Ratio Studiorum. Elaborado por un selecto grupo de instructores en la época de Acquaviva, conocido como el segundo fundador de los jesuitas, en 1586. Acquaviva de esta manera formalizó la educación jesuita, de una manera que es fácil de reproducir y ampliar. El libro es un relato detallado de cómo establecer una escuela, organizar las clases, los programas de estudios, los horarios y los métodos de enseñanza. Con este modelo se han organizado escuelas y universidades en todo el mundo, primero con la Iglesia Católica y los jesuitas y luego con los colegios y universidades de titularidad estatal, o pública. Son la Universidad y la escuela que hemos conocido hasta ahora. Su funcionalidad fue asumida por la escuela industrial. Era un modelo eficiente a estos fines.

Lo que sucede es que inicialmente esta eficiencia fue puesta al servicio de su función principal:  La educación para los jesuitas fue la herramienta para difundir la religión, específicamente las enseñanzas de la Iglesia Católica, por lo que el carácter moral y la devoción religiosa se hicieron habituales en ella, e impregnaban transversalmente el resto de enseñanzas. Esto no se hizo a través de la instrucción religiosa directa sino a través de un enfoque religioso para todo aprendizaje.
Sin embargo la principal aportación, desde el punto de vista de la instrucción y por lo que supone un hito, es la filosofía y el método para organizar el  Plan de Estudios
Se trataba pues de  una educación de alto nivel académico con un claro énfasis en las humanidades y en los clásicos de la literatura, la historia y la lengua. Y fieles a la tradición greco latina utilizaban las herramientas de la razón y de la lógica, lo que por otro lado lleva a la filosofía y a la teología.  De esta forma las Matemáticas (Clark, 20), por ejemplo, fue visto como un tema secundario, como algo mundano, más cercano de los intereses materiales. No obstante esta espiritualidad, el plan de estudios, sin embargo, hace énfasis en los aspectos  "formales" a través de análisis. Se alentó pues el pensamiento crítico. Sin embargo se atendió también aspectos del plan de estudios que no se consideraban puramente académicos, como eran las artes, el teatro y la educación física.  

Oro rasgo es que la lengua constituye otra base del método. Se considera al Latín como la lengua científica, la que es capaz de vehiculizar la ciencia. Pero sobre todo era el lenguaje de la religión y de la Iglesia. De esta forma  el latín era obligatorio incluso en el Siglo XX. El Latín primero, y luego el español, constituían la base de la enseñanza que los jesuitas hicieron en América. Se practicaba una auténtica inmersión lingüística, en algunas escuelas  no se permitían las lenguas vernáculas, incluso fuera de las aulas. La Ratio Studiorum  deja claro que el Latín no era una ayuda para aprender otros idiomas, sino para inculturar a los alumnos en la tradición de la iglesia y los clásicos. Se enseñaba directamente y a través de la inmersión, la traducción está mal vista. Si recordamos las escenas de la película La Misión, con los indios guaraníes, lo comprenderemos perfectamente.
El método organizativo de la Ratio constituye la base de la organización de la Universidad moderna. Desde la figura del rector de los departamentos, el concepto y la práctica de las asignaturas el progreso en la carrera a través de la superación de las asignaturas y de las partes que la componen, se ha mantenido como método práctico hasta nuestros días, así como los métodos de aprendizaje que tienen su base (no acaban ahí ni mucho menos) en la memorización.
Sin embargo el modelo jesuita no es el único de la iglesia católica, el Método María Montessori, mucho más moderno y abierto, constituye no solo un método para organizar la educación y el aprendizaje sino que contiene una epistemología y una base filosófica, así como una naturaleza científica.
Maria Montessori tuvo un gran impacto en la renovación de los métodos pedagógicos de principios del siglo XX, a pesar de que hoy la mayoría de sus ideas parecen evidentes. Sin embargo puso en clave científica (formulación de hipótesis, experimentación y aceptación o rechazo) cuestiones como la empatía y la interacción adulto-niño o profesor-alumno. Sin embargo a pesar de su naturaleza eminentemente cristiana incluso estas ideas y métodos no calaron en la pedagogía jesuítica.

Continúa en Los jesuitas y la educación (II): Ratio studiorum, la repetición y la memoria

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